El proceso creativo es una mezcla de caos y orden del cual nacen las ideas más inesperadas. Para mí, escribir no es una actividad estructurada ni un simple desahogo; sino una exploración que me permite desafiar lo convencional y profundizar en los temas que a menudo preferimos evitar. Mi proceso creativo es poco convencional, pero refleja mi personalidad y estilo, de manera abstracta. Compartiré cómo mi falta de horario fijo y la espontaneidad contribuyen a un estilo narrativo que me permiten construir historias intensas y apasionadas.
A menudo me consideran una persona extremadamente organizada en cuanto a mis estudios y vida personal, y no están equivocados. Sin embargo, en mi vida como escritora y emprendedora, soy todo lo contrario. Prefiero trabajar sin la claustrofobia de un horario fijo, y he notado que la mayoría de mis escritos surgen de manera espontánea. Un ejemplo es cuando estaba manejando y comencé a repetir la frase «Ayúdame a encontrar los balazos que me perforan» hasta detenerme en un semáforo, dónde rápidamente la anoté en mi celular. Ese momento, tan cotidiano, fue el primer paso para crear el poema Invasor de los mundos: Acto II. Ideas que nacen en momentos inesperados, como una pesadilla a media noche, las anoto en un Post-it y las considero valiosas para futuros proyectos. De hecho, varias de las ideas que surgieron durante mis insomnios fueron la base de las escenas más inquietantes de mi primera novela, donde la intensidad emocional y el sentido de urgencia tienen una raíz personal y espontánea.
Ahora bien, tener una idea maravillosa no significa que la escribiré de inmediato. Prefiero dejar que las ideas maduren en mi mente durante días, meses o incluso años, hasta que el momento adecuado me permite escribir. Algunas ideas que tengo anotadas en mi celular desde 2021 apenas se acercan a mi teclado e ideas que surgieron ayer ya están terminadas. La escritura es un secreto que se revela en el momento indicado, cuando todo encaja; al menos, eso es lo que pienso.
La paz mental que he encontrado al momento de escribir me ha permitido mantener mis prioridades en orden. Escucho constantemente que los emprendedores deben trabajar todos los días, a todas horas, y creo que por eso muchos terminan agotados sin necesidad. En mi caso, el hecho de que no escriba todos los días ni a todas horas no significa que no sea una prioridad en mi vida. He logrado disfrutar el proceso sin la presión de ser productiva constantemente. Es en esos momentos de calma cuando las ideas realmente surgen y toman forma. Lo he aplicado en varias ramas de mi vida, tales como proyectos académicos y ensayos como este. Escribí un guion basado en el cuento de La debutante de Leonora Carrington en tan solo dos horas porque la calma de mi proceso creativo me permitió conectar con los temas que quería explorar. La escritura no trata de poner palabras en una página, sino de conectar con las emociones y pensamientos que, a veces, solo necesitan tiempo para brotar.
Este proceso, aunque aparentemente desordenado, me permite ser fiel a mi estilo y a mis ideas. Considero que la escritura es un camino de descubrimiento donde la paciencia y la reflexión juegan un papel fundamental. Mi proceso creativo no sigue una fórmula exacta, sino que permite a las ideas surgir de manera natural, como ha sucedido en prácticamente todas mis obras. Es esta libertad la que me permite escribir de forma auténtica. Al final, la creatividad no puede forzarse, y la calidad de una obra no se mide por las horas invertidas, sino por la conexión y la dedicación que se le aplica. Y, aunque tal vez no escriba todos los días, cuando lo hago, sé que es el momento adecuado para hacerlo.
— Montse

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