La obra Las malas, de Camila Sosa Villada, sigue a un grupo de mujeres que se autodenominan ‘travestis’ y que sobreviven en el Parque Sarmiento de Córdoba, Argentina. En realidad, hacen más que sobrevivir: se ríen, se drogan, se roban clientes entre sí, velan a sus hermanas asesinadas y crían a un bebé que encontraron abandonado en una zanja, a quien bautizan como El Brillo de los Ojos. En esta obra, el cuerpo travesti no se manifiesta únicamente como un cuerpo sufriente. Es una corporalidad cuir convertida en territorio de guerra. Una zona de disputa en la que el orden heteronormativo ejerce su violencia mediante la zonificación institucional del deseo para expulsarlo del dominio de lo ‘natural’. Como consecuencia, dichas corporalidades son sometidas a un necropoder que busca su aniquilación moral y física mediante la pedagogía de la crueldad, al mismo tiempo que las travestis construyen una comunidad de afecto sustentada en la cuirificación de la maternidad y del cuidado mutuo — la única forma de supervivencia y de resistencia colectiva ante un mundo que las condena a la muerte.
Para leer esta guerra, necesitamos lentes que no se asusten de la sangre: Judith Butler, para quien el género es una norma que se replica ritualmente hasta que parece lo ‘natural’; Lauren Berlant, quien entiende la ‘zonificación’ institucional del deseo como el mecanismo que confina ciertos cuerpos a espacios de muerte y otros a espacios de vida legítima; Rita Segato, que identifica en la guerra contemporánea un giro decisivo donde el cuerpo feminizado deja de ser un ‘daño colateral’ para convertirse en el objetivo central; y, finalmente, Achille Mbembe, cuyo concepto de necropoder permite entender que la muerte travesti es el resultado de una decisión política y social que determina quién merece vivir y quién puede ser asesinado con impunidad.
Bajo este marco, se expulsa a la travesti de la matriz heterosexual. La narradora, Camila, relata que su padre le aseguró que terminaría “tirado en una zanja, con sida, con sífilis, con gonorrea” (59) como si el final ya hubiera ocurrido. En el orden heteronormativo, la travesti está muerta antes de morir. Su existencia, en sí, ya es un error que debe corregirse.
Butler explica este mecanismo en Bodies that Matter (1993). El dominio de lo ‘natural’ se construye mediante una exclusión fundacional en la que los sujetos abyectos son aquellos que, como las travestis, “do not enjoy the status of the subject, but whose living under the sign of the ‘unlivable’ is required to circumscribe the domain of the subject” (Butler 3). Es decir, las travestis existen para que el resto de la sociedad sepa lo que no debe ser. Por eso los vecinos pintan PUTOS en la pared de la casa. Por eso la gente esquiva a Camila cuando se desmaya en la calle, dejándola tirada sobre mierda de perro. Son rituales cotidianos que colaboran con la máquina que produce cadáveres, una máquina que convierte los cuerpos cuir en carne para el abandono y la muerte. Por lo tanto, el cuerpo travesti se considera ilegítimo porque no cumple con la norma que Butler denomina ‘matriz heterosexual’. Al no existir coherencia entre el sexo biológico, la identidad de género y el deseo sexual, la travesti se convierte en objeto de sanción y castigo.
Existen zonas donde ciertos afectos son considerados legítimos y otras de tolerancia donde el deseo cuir puede existir solo como espectáculo nocturno, como transacción económica o bajo la amenaza constante de la agresión. Berlant, en su obra Desire/Love (2012), entiende que las sociedades modernas producen mapas del deseo: zonas donde ciertos afectos son legítimos y otras donde no lo son. A las travestis se les asigna un territorio marginal y nocturno, donde su deseo puede ser explotado pero jamás reconocido como legítimo. Las travestis quedan atrapadas en regímenes de alta vulnerabilidad, donde la policía puede apropiarse de ellas y los clientes pueden golpearlas sin testigos. El Parque Sarmiento, en Las malas, “se ofrece como un lugar lleno de árboles que crecieron solos, árboles que fueron puestos ahí por el azar […] Y a ellas, las putas travestis que son tan necesarias como los árboles” (Villada 72). Es la zona a la que las travestis son empujadas y consideradas necesarias porque el desprecio de la máquina institucional lo ordena. Es la cínica caricia del necropoder.
La administración del espacio es un precio a pagar por desengancharse del orden heteronormativo. La Tía Encarna, que las travestis consideran su madre, lo sabe. Por eso finge ser varón para llevar al Brillo de los Ojos al jardín de infantes. El espacio público es hostil; la zonificación les enseña, desde niñas, que su deseo no merece un lugar en el mundo.
La violencia contra las travestis es estratégica. Segato sostiene, en Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres (2014), que en las ‘nuevas guerras’ (informales, paraestatales, sin frentes claros) el cuerpo feminizado se convierte en el propio campo de batalla. Se trata de inscribir en el cuerpo travesti la certeza de que nadie la protege. La agresión no busca únicamente someter a quien la recibe, sino también enviar un mensaje a la comunidad de que la travesti representa una disidencia que desafía el orden heterosexual y que, por ello, debe ser castigada. La guerra se libra contra la posibilidad misma de una existencia que escape a la lógica heteronormativa.
Los dos policías que violan a la joven Camila después de detenerla son la ejecución de ese mandato. En ese momento de la novela, la protagonista todavía intenta ocultar a su padre su identidad travesti, por lo que sus salidas nocturnas están marcadas por el miedo a ser descubierta. Al detenerla, los policías explotan esa vulnerabilidad y la extorsionan al asegurarle que no le dirán nada a su padre si accede a tener relaciones sexuales con ellos. La escena evidencia que la violencia opera desde la fuerza física, el chantaje y la amenaza, lo que convierte el secreto de su identidad en un instrumento de sometimiento.
La violación, como comenta Segato, es un acto de soberanía: la ley se encarna en el policía que decide quién puede ser sancionado. Pero la pedagogía de la crueldad no la enseñan sólo los hombres en uniforme. La enseña el médico del Hospital Rawson, ese “segundo hogar” (Villada 13) donde trata a las travestis con desprecio. Le enseña la sociedad que mira hacia otro lado cuando encuentra a una compañera “envuelta en una bolsa de consorcio, tirada sobre la misma zanja en donde había aparecido El Brillo de los Ojos” (104). En ese momento, la Tía Encarna toma la cabeza de la travesti entre las manos y la golpea contra el suelo mientras grita “¡Por qué no te defendiste!” (105). La pregunta es una trampa porque no hay defensa posible ante la máquina que produce cadáveres.
El cuerpo de la Tía Encarna es el archivo vivo de la violencia ejercida por el orden heteronormativo: tiene una cicatriz en la mejilla, los pechos llenos de aceite de avión, moretones y dos balazos en la rodilla. Su piel es el archivo vivo de la dictadura argentina, de los clientes, de los golpes policiales. Su cuerpo es “el daño sin tregua al cuerpo de las travestis” (22). El concepto de necropoder de Mbembe, en Necropolítica (2011), se materializa aquí: el Estado y sus agentes deciden quién puede ser asesinado sin considerarlo un crimen. En Las malas, la muerte es una política. Las travestis mueren de SIDA, pero nadie las atiende. Mueren a manos de clientes, pero nadie lo investiga. Mueren en la calle y las esquivan como basura.
Frente a la máquina que produce cadáveres, las travestis construyen vida. Su resistencia es una cuna; la llegada de El Brillo de los Ojos es la oportunidad de refundar el mundo desde sus escombros. Aquí, la ‘maternidad’ se desprende de la biología para convertirse en un acto político y cuirificado. La Tía Encarna, cuyo pecho de silicona no da leche, amamanta al bebé. María la Muda le pregunta qué hace, y Encarna responde: “No importa. Es un gesto nada más” (Villada 20). Desde la perspectiva de Butler, la maternidad puede entenderse como una práctica performativa: una serie de actos repetidos que producen la apariencia de un vínculo ‘natural’.
La Tía Encarna, Nadina (el enfermero que se convierte en padre) y Laura (la embarazada que deja la calle) conforman, junto a las travestis, una familia cuirificada en una sola casa. La comunidad se erige, entonces, como la antítesis del necropoder. En esa casa, “hasta la muerte puede ser bella” (21) porque el vínculo de cuidado es una forma de desafiar la heteronorma que las condena a la soledad y al olvido.
El bautizo de El Brillo de los Ojos es un ritual de manifestación simbólica. Lo bautiza la Machi Travesti ataviada con un estampado de leopardo. Con ese acto, le arrebatan al niño el destino de muerte que le había sido asignado y lo inscriben en una herencia de afecto y resistencia.
La obra Las malas muestra el horror de la zonificación, la pedagogía de la crueldad y el alcance del necropoder, pero aun así, en las grietas de la guerra, se teje una comunidad más fuerte que el odio. El cuerpo de las travestis es, ciertamente, un campo de batalla, pero también una cuna y un hogar.
La lucha es por seguir pariéndose unas a otras, no por ser reconocidas por el Estado ante la ley que las asesina. En ese sentido, la cuirificación de la maternidad es un artefacto de guerra y la forma que tienen de enfrentar a la muerte. Mientras críen al Brillo, mientras velen a sus muertas con canciones y alcohol, mientras conviertan un parto en una fiesta de travestis, le ganan una batalla al mundo que las aborrece. Le recuerdan a ese mundo, con sus tacones de acrílico y sus pestañas postizas, que no todo está perdido mientras haya una canción de cuna cantada por una garganta con barba.
Obras citadas
Berlant, Lauren. Desire/Love. punctum books, 2012. https://www.thing.net/~rdom/ucsd/3somesPlus/Berlant_Desire_Love_EBook.pdf
Butler, Judith. Bodies that Matter: On the Discursive Limits of “sex”. Routledge, 1993. https://monoskop.org/images/d/df/Butler_Judith_Bodies_That_Matter_On_the_Discursive_Limits_of_Sex_1993.pdf.
Mbembe, Achille. Necropolítica. Editorial Melusina, 2011. https://aphuuruguay.wordpress.com/wp-content/uploads/2014/08/achille-mbembe-necropolc3adtica-seguido-de-sobre-el-gobierno-privado-indirecto.pdf
Segato, Laura Rita. Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres. 1.ª edición Puebla: Pez en el árbol, 2014. https://feministas.org/wp-content/uploads/2016/10/libro_ritalaurasegato.pdf
Sosa Villada, Camila. Las Malas / Bad Girls. Planeta Publishing Corporation, 2022.

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