Reflexiones sobre memoria y percepción en “En lo que es ido” de Daniela Bojórquez

2–4 minutes

Óptica sanguínea, de Daniela Bojórquez, reúne varios cuentos, pero me centraré en “En lo que es ido”. El cuento sigue a una pareja que pasa la noche en un hotel, donde, tras un grito inesperado, todo se convierte en una reflexión sobre cómo se ve, recuerda y comparte lo que ocurre en una relación. Para pensarlo mejor, recurro al concepto de écfrasis, entendido como “cualquier descripción vívida que tenga la capacidad de poner el objeto descrito delante de los ojos del receptor, sea esta una descripción de personajes, hechos, circunstancias, lugares, épocas u objetos” (Alberdi, 23). Se trata, en esencia, de una descripción tan poderosa y detallada que permite al lector visualizar lo escrito de manera casi tangible. Este recurso es el que construye la atmósfera del cuento y hace que las emociones perduren.

Desde las primeras líneas, la écfrasis trabaja para situarnos en un espacio cargado de significado: “La ventana de la habitación deja pasar la luz roja del letrero en la fachada: se apaga y enciende a intervalos, zumba cada cambio” (Bojórquez, 55). Esta descripción integra lo visual con lo sonoro y la luminosidad y crea una ilustración vívida de la habitación del hotel. Este uso del écfrasis se transforma en un símbolo de lo extremo en la habitación (o relación) y su parpadeo, en la irregularidad de la relación.

El grito de auxilio, otro momento clave, se describe como un “lamento intenso como se supone sean los gritos de auxilio que parten la noche en dos” (55). La propia autora advierte que es una exageración, pero ahí está la clave: hacer del grito algo físico y tangible que no solo se oye, sino que también se puede visualizar.

El hotel entero está construido a partir de esos detalles: “escaleras viejas, alfombradas en ocre, lámparas de luz insuficiente” (56). Las descripciones sugieren desgaste, historias acumuladas y un espacio que trae consigo otras noches y otros ruidos. La écfrasis se emplea para describirlo y, a su vez, darle memoria al lugar.

La escena del regaño, escuchada por teléfono, lo confirma: “como si al descolgar la bocina se hubiera abierto una puerta que da al cuarto donde ocurría la escena” (57). Aquí la descripción se vuelve visual; el personaje oye, pero nosotros vemos. Ese cruce sensorial refuerza la idea de que el hotel está hecho de noches ajenas que siguen presentes.

Finalmente, la imagen de las “volutas de humo espesan la atmósfera del cuarto. Se desintegran como cosas que iban a ser, pero no fueron” (58) cierra el cuento con una écfrasis que convierte en materia todo lo que queda pendiente en la relación: las posibilidades, las palabras no dichas, lo que ya se perdió. La frase transmite la sensación de haber ‘enloquecido’ al ‘desintegrar’ estas memorias.

Pensar “En lo que es ido” desde la écfrasis permite ver cómo el cuento se construye desde lo sensorial: la luz, el sonido, el olor y la textura. Las descripciones ambientan y construyen la manera en que los personajes — y, a su vez, el lector — perciben el mundo y, sobre todo, la manera en que se recuerda. Gracias a este recurso, el cuento se convierte en una exploración sensorial de la memoria y la percepción.


Obras citadas

Alberdi Soto, B. (2016). “Escribir la imagen: la literatura a través de la écffrasis”. Literatura y lingüística, (33), 17-38. http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112016000100002 

Daniela Bojórquez. (2014). Óptica sanguínea. México: Tumbona Ediciones. http://www.tumbonaediciones.com/descargas/OPTICA-SANGUINEA-dig.pdf 


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