Reflexiones y logros
Nací con los pies en la tierra, pero con la cabeza entre nubes de historias y aventuras. Mi infancia fue como una biblioteca antigua, de esas que huelen a libros y café, con rincones oscuros y misteriosos. Fue en esos rincones donde mi curiosidad comenzó a crecer y, sin darme cuenta, empecé a escribir el prólogo de lo que sería mi vida.
Mis padres, flexibles y alentadores, me dieron la libertad de perderme en mis pensamientos. Pasaba horas grabando videos con mi hermano menor, bailando y tocando instrumentos para nuestro perrito, Toby, a quien llamaba ‘Sombra-Perro’ porque siempre nos seguía alrededor de la casa. Mi papá fue quien despertó mi amor por la literatura. Cada noche, leíamos la colección de ‘Junie B. Jones’, una niña traviesa con un montón de amigos y aventuras por vivir. No lo entendía en ese momento, pero las palabras resonaban en mí como si contaran un lenguaje secreto que algún día descubriría. Esa fue la primera chispa.
Con el tiempo, la chispa destelló. Recuerdo haber comenzado a escribir historias cuando tenía seis años. Mi tarea semanal en la primaria consistía en escribir un diario sobre lo que había sucedido durante el fin de semana, pero yo inventaba mis propias aventuras: desde cabalgar por montañas lejanas hasta pícnics debajo de semáforos en rojo. Desde entonces, escribir no fue una búsqueda del éxito, sino una necesidad de dar vida a aquello que aún estaba por contarse.
La escritura me ha enseñado a observar el mundo con mayor profundidad y a expresar mis emociones de manera auténtica. He desarrollado habilidades como la creatividad, innovación, resiliencia y empatía, las cuales enriquecen mis tramas. Estas narraciones han permitido que lectores, tanto cercanos como lejanos, conecten con sus propias experiencias, creando un espacio donde podamos reflexionar juntos y cuestionar constantemente para mejorar la experiencia humana, tanto para nosotros como para las generaciones que están por llegar.
Mis hobbies, más allá de la escritura y lectura — como escuchar música, grabar videos, coser, y pintar — me han ayudado a ampliar mi creatividad, permitiéndome explorar diferentes formas de expresión. Cada actividad se convierte en un ladrillo de la construcción de mi ser, ayudándome a florecer. A medida que continúo creciendo, veo como estos pasatiempos se entrelazan con mi evolución, ampliando mis horizontes creativos y profundizando mi conexión con el mundo.
Mi primer logro como escritora fue un accidente, como suelen ser los mejores descubrimientos. Me encontraba en el lugar adecuado, en el momento perfecto, con una historia que emergió de mí tan naturalmente como el oxígeno de los árboles. Desde entonces, cada paso ha sido un eco de ese primer destello.
Ese momento inolvidable ocurrió una mañana en mi salón de ciencias sociales durante la secundaria. Un día en octubre, con las luces apagadas, mi maestra — quien solía comenzar clases con actividades dinámicas — me apuntó con una lámpara y me pidió que contara una historia de terror. Fue entonces cuando nació ‘The Devil’s Children’, una historia que, cuatro años después, formaría parte de las cuatrocientos catorce páginas de mi primera novela, “Miniature Novels I: the Inevitable Death of the Heart”. Esta obra reúne siete ‘novelas en miniatura’, diez relatos y nueve textos que cariñosamente llamo ‘sentimientos en voz alta’. En total, veintiséis historias, porque es mi número favorito.
Decidí autopublicar, guiada por el deseo de desarrollar mi creatividad más allá de las oportunidades que una editorial podría ofrecerme. En 2023, publiqué dos novelas cortas para enriquecer mi catálogo como escritora independiente: “How To Get the Girl” y “Things You’ll Never Understand”. Cada una se desliza por géneros distintos porque, en el carrusel de mi creatividad, todos los asientos están ocupados.
Pasé incontables horas detrás de una pantalla, editando textos, diseñando portadas, construyendo mi página web, gestionando el dominio perfecto, investigando sobre derechos de autor y aprendiendo todo lo que implica llevar una carrera literaria de manera autónoma.
Hoy, sigo persiguiendo nuevas historias. Cada paso que doy refleja ese primer impulso que me llevó a escribir; una evolución constante que sigue nutriéndose de aquella curiosidad infantil. La escritura, mi refugio, se transformó en una herramienta para entender el mundo y dar sentido a mis experiencias. Aunque sea en vano, voy a seguir escribiendo porque es lo que me da vida. Por eso decidí estudiar Letras Hispánicas, una carrera por la que muchos se burlaban, sin comprender la profunda pasión que me impulsó a elegirla con tanta convicción.
Esa pasión me incentiva a seguir explorando nuevas formas de compartir mi trabajo. Estoy emocionada por seguir desarrollando mi emprendimiento, ya que pronto podré vender mis libros en formato físico, en lugar de solo en formato digital, tras recibir noticias favorables sobre la solicitud de ISBN. Mi cuarta novela, una obra de fantasía, está prevista para diciembre. Por otro lado, estoy trabajando en más de quince libros que publicaré durante la próxima década, abarcando desde una colección de poesía hasta novelas de géneros variados y los cuatro libros restantes de mi colección ‘Miniature Novels’. Además, tengo la meta de formalizar mi negocio creativo para incorporarme al mundo literario de los grandes autores que han inspirado mi camino. Y, con ello, ayudar a autores independientes en México a autopublicar sus obras.
Con cada escrito, le doy forma a un futuro dónde seré reconocida por lo que soy: una escritora única para quien las reglas creativas son solo sugerencias. No pretendo cambiar el mundo, sino transformar suficientes perspectivas para generar un impacto. Estas metas son el siguiente capítulo en mi historia, una narrativa en constante evolución donde cada sueño se transforma en una nueva aventura. De alguna manera, al escribir, me he convertido en la versión adulta de Junie B. Jones, aquella traviesa con quien crecí. Ahora, mientras cierro el prólogo de mi vida y comienzo a desarrollar los capítulos, sé que apenas he comenzado a contar la historia completa. Cada palabra y cada logro son solo líneas en el libro que sigo escribiendo. Y, si me preguntas, creo que las mejores páginas están por venir.
— Montse

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