Hay una pregunta en particular que aparece con frecuencia cada vez que publico una obra en inglés: ¿por qué no está escrita en español?
La pregunta suele formularse con cortesía, incluso con curiosidad genuina. Sin embargo, detrás de ella parece esconderse otra inquietud menos explícita: ¿qué significa elegir otro idioma cuando se podría escribir en el propio?
Quizá las lenguas nunca son únicamente herramientas de comunicación — son archivos históricos. En ellas perduran procesos de conquista, migración, violencia y resistencia. Como señala el reconocido autor y académico keniano Ngũgĩ wa Thiong’o, “language, any language, has a dual character: it is both a means of communication and a carrier of culture”1 (13). En América Latina, donde el español llegó acompañado de un proyecto virreinal, resulta comprensible que la elección del inglés provoque suspicacias. Durante décadas, el inglés ha funcionado como lengua del mercado global, de la academia internacional y de buena parte de la industria cultural. Como Thiong’o señala, en contextos poscoloniales, “the domination of a people’s language by the languages of the colonising nations was crucial to the domination of the mental universe of the colonised.”2. Sin embargo, reconocer la carga histórica de una lengua no reduce cada acto de escritura a una reproducción automática de esa historia.
Existe una diferencia importante entre analizar las estructuras de poder que atraviesan los idiomas y asumir que toda persona bilingüe reproduce esas estructuras de manera automática, consciente o inconsciente. Como sugiere la lingüista Ellen Bialystok, el bilingüismo no puede reducirse a una categoría binaria simple que oponga ‘la lengua propia’ a ‘la lengua del otro’. En su estudio sobre el desarrollo bilingüe, Bialystok advierte que “bilingualism is not like age, or gender, or grade, or any of the usual variables we use to classify children in developmental research. At best, bilingualism is a scale, moving from virtually no awareness that other languages exist to complete fluency in two”3 (8). Reducir una experiencia personal a una explicación exclusivamente política resulta, por lo tanto, limitante.
Una lengua no reemplaza a la otra
Mi formación lingüística ha sido bilingüe. A lo largo de mi vida, he tomado más clases en inglés que en español. Crecí en un colegio bilingüe desde los cuatro hasta los quince años, luego en una preparatoria ‘multicultural’ hasta graduarme a los dieciocho. Las únicas clases que tuve en español fueron las clases de español (diez años en primaria y secundaria), literatura (tres años en prepa) y física (un semestre en prepa). La biblioteca del colegio estaba repleta de libros en inglés; en clase de español leíamos traducciones descuidadas desde el inglés. Fue hasta la preparatoria, en realidad, cuando tuve un acercamiento académico a autores latinoamericanos y a la escritura de textos y ensayos en español.
Esta experiencia no es excepcional; refleja una realidad compartida por bastantes personas en contextos de frontera lingüística. Como observa la psicóloga Bejarano Suiol en su investigación sobre bilingüismo y funciones ejecutivas, “el bilingüismo balanceado se caracteriza porque la competencia del hablante es similar o equivalente en las dos lenguas, mientras que el bilingüe dominante presenta una competencia mayor en alguna de las dos, generalmente en su lengua materna” (11). En mi caso, la exposición temprana y constante al inglés ha favorecido el desarrollo de un bilingüismo balanceado, en el que la ‘competencia’ en ambas lenguas se manifiesta de manera equivalente en mi proceso creativo.
Soy de Monterrey, Nuevo León, México. Estoy a dos horas de la frontera con Estados Unidos. Viajar un fin de semana a McAllen es parte de la experiencia regia, y prácticamente todos mis amigos hablan spanglish. Veo películas y series en inglés, leo libros en inglés, llevo 17 años pensando en inglés. Como señala Bialystok, “bilinguals rarely develop equal fluency in their languages. […] The proficiency that the child develops in each language, therefore, is a specific response to a set of needs and circumstances”4 (7). Mi mente simplemente ha aprendido a habitar dos sistemas lingüísticos. Hay emociones que aparecen con mayor facilidad en inglés y otras que únicamente encuentro en español. Algunas palabras parecen empujar el poema hacia un ritmo distinto, y ciertas imágenes sólo aparecen cuando cambio de idioma. Con el tiempo, ocurrió lo mismo mientras aprendía alemán e italiano. Empecé a escribir pequeños textos en ambas lenguas, no porque creyera que expresaban mejor mis ideas, sino porque modificaban la manera en que mis ideas llegaban a existir. Cambiar de idioma se parece más a cambiar de instrumento que a cambiar de identidad.
Esta experiencia encuentra respaldo en la investigación psicolingüística: Bejarano Suiol documenta que “los bilingües utilizan representaciones conceptuales diferentes cuando hablan sus respectivas lenguas. […] El bilingüismo puede ser extremadamente benéfico para enriquecer los repertorios lingüísticos de sus hablantes, ofreciéndoles conceptualizaciones alternativas, básicas para el pensamiento crítico y flexible” (18).
Lo que vivo al escribir en distintas lenguas es una ampliación de la experiencia. No se esperaría que un violinista rechazara el piano por lealtad al violín; cada instrumento otorga distintas posibilidades sin invalidar las anteriores. La lengua funciona de manera similar: amplía el repertorio desde el cual una voz puede construirse.
Escribir en otra lengua, entonces, no implica abandonar la primera, sino permitir que ambas dialoguen entre sí.
¿Puede una mente bilingüe ser creativa?
Existe una idea que aparece con sorprendente frecuencia en mi día a día: que escribir en varias lenguas termina diluyendo la autenticidad de quien escribe. Bajo distintas formulaciones, el argumento suele insinuar que una mente bilingüe nunca llega a pertenecer completamente a un idioma y, por lo tanto, tampoco puede desarrollar una verdadera voz artística.
La evidencia disponible apunta en otra dirección.
Suiol, en su investigación sobre bilingüismo y funciones ejecutivas, cita estudios que demuestran que “los bilingües utilizan dos sistemas diferentes de razonamiento lógico y un sistema de clasificación extendido” (17), lo que sugiere que la experiencia bilingüe enriquece los recursos disponibles para el pensamiento y la creación artística. Lejos de representar una limitación, el manejo de dos lenguas desarrolla capacidades vinculadas directamente con la creatividad y con la adaptación cognitiva. Esta ‘conciencia metalingüística’ se convierte, para el escritor, en una herramienta de precisión y autoconocimiento.
La literatura nunca ha tenido una sola lengua
Resulta paradójico que se exija pureza lingüística precisamente en una disciplina cuya historia depende de la traducción.
Buena parte de lo que entendemos por literatura universal existe gracias a traductores. Leemos a Dostoyevski en español, a Kafka en inglés, a Murakami en francés y a García Márquez en japonés. Los poemas épicos de la antigua Grecia llegaron a nosotros gracias a la traducción, así como obras icónicas medievales como el Cantar de mio Cid y La Celestina. Ninguna de esas traducciones elimina el texto original; simplemente lo desplaza hacia otra comunidad de lectores.
Si aceptamos con naturalidad que las obras viajen entre idiomas después de ser publicadas, ¿por qué resulta tan problemático que algunas nazcan directamente en otra lengua que no sea la nativa del autor?
El escritor Thiong’o, quien decidió abandonar el inglés para escribir exclusivamente en su lengua materna, el gikuyu, reconoce que esta elección forma parte de un proceso político de descolonización. “I believe that my writing in Gikũyũ language, a Kenyan language, an African language, is part and parcel of the anti-imperialist struggles of Kenyan and African peoples”5 (28). Sin embargo, es crucial notar que no argumenta que escribir en lenguas europeas sea inherentemente incorrecto, sino que esta práctica, en el contexto específico de la dominación colonial, puede reforzar estructuras de poder. La decisión de Thiong’o es una respuesta política consciente a una situación histórica concreta, no un juicio universal sobre la escritura en lenguas extranjeras.
Mi caso es completamente distinto. No escribo en inglés como respuesta a una imposición colonial ni virreinal, sino como resultado de una formación bilingüe y de una elección personal. Como señala Umberto Eco, la fidelidad en la traducción “es, más bien, la tendencia a creer que la traducción es siempre posible si el texto fuente ha sido interpretado con apasionada complicidad, es el compromiso a identificar lo que para nosotros es el sentido profundo del texto, y la capacidad de negociar en todo momento la solución que nos parece más justa” (374). Podría decirse que escribir en inglés, para mí, es una forma de respetar mi propia educación lingüística.
El papel de la descolonización
La crítica al predominio del inglés nace de un intento legítimo de cuestionar relaciones históricas de poder. Sin embargo, en ocasiones esa crítica termina desplazándose del análisis estructural hacia la vigilancia de decisiones individuales. El problema deja de ser la supremacía de una lengua y pasa a ser la elección concreta de un escritor. Paradójicamente, una política pensada para ampliar las posibilidades culturales corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de prescripción: antes, se imponía una lengua considerada ‘superior’; ahora, en ciertos espacios, parece exigirse fidelidad absoluta a otra.
Si el objetivo es ampliar las posibilidades de expresión, la libertad lingüística también debería formar parte de ese proyecto. El debate sobre la lengua literaria necesita integrar tanto la perspectiva política global como la experiencia individual y concreta del escritor.
En este contexto, escribir en inglés no constituye un acto de colonización lingüística; es, más bien, una afirmación de la complejidad de las identidades contemporáneas. Mi inglés no es el inglés imperial; es el inglés de la frontera, de la educación bilingüe y de la cultura globalizada. Es, como Eco describiría, un ‘casi’ que negocia entre dos mundos y dos sistemas de pensamiento.
La lengua no debería funcionar como una prueba de autenticidad ni como una frontera que excluye a los individuos. Puede ser un puente que permite el paso entre mundos, un espacio compartido donde las voces se encuentran y se transforman. Como recuerda Thiong’o, “communication creates culture; culture is a means of communication. Language carries culture, and culture carries, particularly through orature and literature, the entire body of values by which we come to perceive ourselves and our place in the world”6 (14-15). Si la lengua es portadora de valores, también lo es de posibilidades. Escribir en inglés no implica, para mí, abandonar el español, sino ampliar mi proceso creativo.
Escribir desde México, incluso en inglés, no me hace menos mexicana ni implica una traición a mi país
¡Soy mexicana! Hasta hoy, dos de mis novelas están escritas en español. Varios de mis cuentos también. Actualmente trabajo en poemarios en los que ambos idiomas conviven porque cada uno me permite decir cosas distintas.
Escribir una obra en inglés no vuelve menos mexicano mi trabajo, del mismo modo que traducir una novela al alemán no cambia el lugar donde fue imaginada. La lengua no borra el origen de una obra ni la experiencia desde la que fue escrita. Solo ofrece otra manera de nombrarla.
Quizá la pregunta nunca debió ser por qué escribo en inglés. Quizá la verdadera pregunta es por qué seguimos creyendo que una sola lengua basta para contener por completo la imaginación de una persona.
Obras citadas
Bejarano Suiol, Andrea Paola. Bilingüismo y funciones ejecutivas. 2019. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Tesis de maestría. https://tesisdigitales.umich.mx/server/api/core/bitstreams/20aec548-3f14-40ea-ba2e-bb5c90cd5c19/content.
Eco, Umberto. Decir casi lo mismo. Translated by Helena Lozano Miralles, Lumen, 2008. Academia.edu, https://www.academia.edu/111588638/Eco_Umberto_Decir_casi_lo_mismo_La_traduccion_como_experiencia.
Grosjean, François. Bilingual: Life and Reality. Harvard University Press, 2010, https://books.google.com.mx/books?hl=en&lr=&id=-AYa2fNbOrQC&oi=fnd&pg=PR7&dq=Grosjean,+Fran%C3%A7ois.+Bilingual:+Life+and+Reality.+Harvard+University+Press,+2010.&ots=jBrmL7oAaV&sig=WrzMCa2jbUzYqKs2e7qljfMrC0g#v=onepage&q=Grosjean%2C%20Fran%C3%A7ois.%20Bilingual%3A%20Life%20and%20Reality.%20Harvard%20University%20Press%2C%202010.&f=false.
Kroll, Judith F., and A. M. B. de Groot, editors. Handbook of Bilingualism: Psycholinguistic Approaches. Oxford University Press, USA, 2005. Research Gate, https://www.researchgate.net/profile/Jyotsna-Vaid/publication/270582623_Clearing_the_cobwebs_from_the_study_of_the_bilingual_brain_Converging_evidence_from_laterality_and_electrophysiological_research/links/57cb245508ae5982518358bd/Clearing-the-Cobwebs-Fro.
Ngũgĩ wa Thiong’o. Decolonising the Mind: The Politics of Language in African Literature. James Currey, 1986.
- “El lenguaje, cualquier lenguaje, tiene un carácter dual: es tanto un medio de comunicación como un portador de cultura” (Thiong’o 13; mi trad.) ↩︎
- “El dominio del idioma de un pueblo por las lenguas de las naciones colonizadoras fue crucial para la dominación del universo mental del colonizado” (Thiong’o 16; mi trad.)” ↩︎
- “El bilingüismo no es como la edad, el género o el grado: es una escala que va desde la ausencia de conciencia de que existen otras lenguas hasta la fluidez total en dos idiomas” (Bialystok 8; mi trad.) ↩︎
- “Los hablantes bilingües raramente desarrollan la misma fluidez en sus dos lenguas. […] La competencia que el niño desarrolla en cada lengua, por lo tanto, es una respuesta específica a un conjunto de necesidades y circunstancias.” (Bialystok 7; mi trad.) ↩︎
- “Creo que mi escritura en gikuyu, una lengua keniana, una lengua africana, es parte de las luchas antiimperialistas de los pueblos kenianos y africanos” (Thiong’o 28; mi trad.) ↩︎
- “La comunicación crea cultura; la cultura es un medio de comunicación. La lengua porta cultura, y la cultura porta, particularmente a través de la oralidad y la literatura, el cuerpo completo de valores a través de los cuales llegamos a percibirnos a nosotros mismos y nuestro lugar en el mundo” (Thiong’o 14-15; mi trad.) ↩︎

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